sábado, 11 de abril de 2009

“El dengue será más peligroso el año que viene”

Pablo Yedlin reconoció que habrá virus para rato y afirmó que la gente tiene que liberarse de los cacharros que amontonan agua. El titular de la cartera sanitaria, que visitó LA GACETA, opina que el virus que transmite el mosquito Aedes Aegypti puede llegar a afectar a miles de tucumanos.
EN ALERTa. El ministro dice que “perdimos la inocencia en el dengue” y eso nos marca para el futuro. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI

Los síntomas de la patología


“El dengue tipo 1, el que hay en Tucumán puede causar fiebre, vómitos y mucho dolor corporal . Te tira abajo. También puede ser un dengue con manifestaciones hemorrágicas mínimas, que fue el caso del paciente de Aguilares. Todavía no tuvimos casos de dengue hemorrágico. Esto es típico de zonas endémicas. Sin embargo, el sistema de salud está atento”, afirmó.


“Tucumán la está pasando duro”, afirma. Está preocupado. Pero se muestra tranquilo y seguro. Hasta se anima a bromear en algunos pasajes de la entrevista. La epidemia de dengue que castiga a la provincia lo ha puesto en el centro de la escena. El ministro de Salud, Pablo Yedlin, interrumpió su descanso de día feriado y llegó a LA GACETA de saco y camisa, con su computadora bajo el brazo. Mostrando cuadros y cifras y habló a fondo del personaje hoy más combatido en todo el territorio: el mosquito aedes aegypti.
“Esta es una epidemia anunciada. Ojalá no la hubiéramos tenido. Nos queda un mes largo de lucha. Estamos trabajando fuerte y creo que vamos a salir”, señala esperanzado. Admite que el dengue podría afectar a varios miles de personas este año en Tucumán. Convencido de la ineficacia de las fumigaciones, llama a la población a comprometerse en la lucha, eliminando los cacharros de las casas. “Con esta medida de prevención se juega todo: la gravedad de la epidemia y cuánto tiempo dure”, asegura.

- ¿Qué factores influyeron en la aparición de esta epidemia?
- En la década del 70 prácticamente no había casos en América. En los últimos 20 años avanzó de manera increíble. Esta es una enfermedad relacionada con el clima subtropical, no con la pobreza. Lo que sí es cierto es que muchos países subtropicales son pobres. En la propagación del mal influyeron la urbanización y el cambio en el tipo de basura; ahora hay más residuos plásticos que acumulan agua. También tuvo que ver el cambio climático, porque este mosquito no aparece debajo de los 18 grados. Hasta hace unos años no teníamos esta temperatura a esta altura del año.

- ¿La epidemia nos tomó por sorpresa?
- No estamos tan sorprendidos. Todos los sanitaristas del país hace 10 años sabemos que el dengue está en la Argentina desde el 97. Tuvimos en Tucumán casos importados, que detectamos y logramos bloquear para que no avanzara la enfermedad. Nunca nos superaron los cuatro casos por año. Pero esta vez, hasta los especialistas dijeron que era una crónica bastante anunciada, que el Aedes seguía avanzando y que el dengue venía detrás. No hay muchas formas de detener el mosquito; hay que luchar con las culturas. Todos los veranos hablamos de dengue, pero hasta que la gente no lo siente como un problema real no vislumbra la necesidad de cambiar sus costumbres. Este año, el gran estallido del dengue tiene que ver con la enorme epidemia que sufre Bolivia. Esta no es sólo una enfermedad urbana ni que sigue latitudes, sino que viaja en las rutas. Por ejemplo, hace dos años hubo epidemia en Paraguay y no nos llegó.

- Conociendo lo que ocurría en Bolivia ¿Hubo falta de previsión?
- Bolivia tuvo una epidemia descontrolada. Los casos llegaron a Salta y Jujuy. En Tucumán, en febrero empezamos a tener de a cuatro casos por semana. Lo teníamos controlado. En marzo, el goteo de casos importados se transformó en una catarata y ya no llegábamos a bloquear la epidemia. Lo que nos pasó en Aguilares -el foco más importante de casos autóctonos-, tuvo que ver con que un grupo de población importante tuvo dengue y no consultó; o si consultó, el sistema no lo detectó como dengue. Muchos de nosotros vemos por primera vez esta enfermedad. Por eso mandamos médicos del Siprosa a Salta y a Chaco, a zonas de epidemias. Ahora están capacitando a los médicos de acá.

- ¿Por qué en febrero no se hicieron trabajos importantes de fumigación?
- Fumigamos nueve manzanas alrededor de los casos detectados, pero esto no basta. Aparte, quiero aclarar que el impacto real de la fumigación no es el que se cree. Aunque a muchos de los gobiernos locales les encanta fumigar, tenemos estudios que demuestran que estas desinfecciones cada 30 días no son efectivas porque matan sólo al mosquito adulto y no a la larva y al huevo, por lo que no es alto el impacto sobre la epidemia. Para que sirva habría que fumigar cuatro veces al día dentro de las casas y el insecticida afectaría la salud de la gente. Según las investigaciones, el descacharramiento en las viviendas es lo más efectivo.

- ¿Qué es lo que más les preocupa?
- El dengue no tiene cura. Culturalmente, a la gente le cuesta entender que una enfermedad no se pueda curar y que se prevenga sacando cacharros de la casa. Tampoco hay vacunas. Y requiere el esfuerzo de todos para contrarrestarlo. Acá no basta si yo solo me cuido. Si mi vecino no se cuida y no me cuida tengo riesgo de padecer la enfermedad.

- ¿Qué secuelas deja esta epidemia en Tucumán?
- Hay cuatro tipos de dengue. A Tucumán sólo llegó el tipo 1. Cuando hay más serotipos se corre riesgo de dengue hemorrágico, la variante más grave de la enfermedad. Se produce cuando una persona que ya tuvo el mal vuelve a ser picada con otro tipo. El año que viene será más peligroso. Eso fue lo que perdimos: la inocencia en dengue. Ahora tenemos una cicatriz que nos marca para el futuro. El año que viene vamos a tener que trabajar con mucha concientización. La población tiene mucha responsabilidad sobre esto. Ojo, no me quiero quitar responsabilidad porque también hay cosas que dependen del Estado.

- ¿Hay alguna proyección sobre el avance de la enfermedad?
- Hay hipótesis optimistas y pesimistas. Todo depende de la llegada del frío. En los últimos días tuvimos casi 100 casos sospechosos por día; en las últimas horas bajaron las cifras. Esto tiene que ver con la eliminación de cacharros y con la fumigación en Aguilares. Hasta mayo, cuando empiece el frío, las previsiones indican que los casos pueden llegar ser varios miles.

- ¿Por qué la gente tiene miedo?
- La gente está muy preocupada, no quiere tener dengue; es más fuerte el temor de la gente que grave la enfermedad. Lo bueno es que se ha tomado conciencia y se está trabajando. Los gobiernos locales también están preocupados y la fumigación es una expresión de eso. Les encanta fumigar y la gente se tranquiliza. Discutimos con ellos porque esta epidemia no se vence con aviación, sino con equipos comando casa por casa. Por eso, el agente sanitario es la mejor arma.

- ¿Esto se termina con el frío?
- No, porque si no seguimos con el trabajo de descacharramiento en el invierno la enfermedad puede reaparecer en primavera. Nuestro desafío es controlar la epidemia y que no reaparezca. Es una tarea de concientización que debemos instalar en todos los tucumanos. Así como para estar bien no hay que fumar, comer sano, hacer actividad y vacunar a los chicos, también hay que descacharrar.

- ¿En qué se falló ?
- No tuvimos la suficiente insistencia en la comunicación de la enfermedad. Parecía algo lejano y no pudimos convencer a la gente que no era algo tan lejano. No alertamos sobre lo explosiva que era esta epidemia; evidentemente tuvimos culpa de no saber comunicar a tiempo. Sin embargo estamos trabajando muy bien. Y tenemos una ventaja innegable: a los tucumanos les interesa la salud; esto tiene que ver con nuestro nivel sociocultural.

Fortalezas de Tucumán, según Yedlin
* Tucumán cuenta con un servicio de salud numeroso, con muchos profesionales.
* La población demostró interés y preocupación por el tema.
* Hay universidades con profesionales preparados para hacer aportes.
* Hay un nivel socio cultural alto.

Las debilidades que reconoce
* Comunicación insuficiente de la enfermedad.
* Incapacidad para alertar al tiempo sobre el mal.
*Incapacidad para advertir que no se trataba de una epidemia lejana.
* Profesionales que habían estudiado el dengue, pero que no habían tenido contacto con la enfermedad.

Enfermedades que se vienen
* Fiebre amarilla: “La transmite el mismo Aedes Aegypti. Todavía no es urbana. Pero si se urbaniza sería un problema por la gran cantidad de mosquitos”, explicó Yedlin.
* Leishmaniasis: “También es una enfermedad transmitida por un mosquito. Puede ser mortal. Tenemos casos”, aseveró.
* Tuberculosis y chagas: “Tenemos que seguir trabajando con estas enfermedades; cada año tenemos más enfermos”, dijo.

Fuente: La Gaceta - 11-04-09


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